El mundo desde una góndola veneciana

Actualizado: 11 de jun de 2020


Eran las 11:05 de la mañana de un 13 de mayo, el sol apenas se asomaba por las montañosas carreteras italianas mientras yo observaba con detalle los verdes paisajes por la ventana del auto. Venía en un 'roadtrip' desde Milán hacia Venecia, con aquella exquisita sensación de pisar los suelos de un lugar por primera vez. Durante el camino, las carreteras se me hacían tan familiares como si estuviese viajando alrededor de mi verde Colombia, y fue así como empezó mi conexión con este lugar.


Me imaginaba Venecia como la describían los libros o como la había visto en las películas, como aquella ciudad pintoresca y sosegada que había guardado en mi imaginario durante años y que por poco parecía inverosímil.


Al llegar, tomamos el Vaporetto, el bote que nos lleva hasta la ciudad, y desde este preciso momento empece a sentir una energía diferente.


Era mucho más agraciada de lo que pensé, más colorida, romántica y fotogénica, cada captura visual era más irreal que la anterior. Empezamos a caminar por las estrechas calles y no podía dejar de contemplar su propia naturaleza, era como si estuviese atrapada en una fantasía de la cual no tenia afán de escapar.


Y ésta fantasía aun llegaría a su máximo esplendor. La góndola estaba allí, tan ilustre y perfectamente adornada con su gondolero. Partimos lentamente, y puedo decir que recordaré por siempre lo que mis ojos vieron en esta tarde de mayo.


Eran sus colores aflorados, su olor genuino, sus plácidos sonidos, era el gondolero con su sonrisa, eran los pájaros, era yo, eran ellos, era Italia, era la vida, era todo.


Pero, Venecia no es solo un paseo en góndola

Después de esta increíble alameda en la que flotamos sonrientes, llegamos a la Piazza di San Marco donde se encuentra la bellísima Basílica di San Marco, una obra maestra del arte bizantino que se sumerge en los cuidadosos detalles de una fachada decorada con columnas y mosaicos de oro del siglo XII.



Pero si creía que lo había visto todo, me equivocaba, porque minutos después de caminar por la plaza, subimos a Campanile di San Marco y pude ver la panorámica de 360 grados de la ciudad. Y esto significó haber visto a Venecia como nunca antes.



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